Magistralmente inútil
Hubo una época en la que ser maestro era de una categoría excepcional. Era Pepito “el maestro”, todo el mundo te adoraba y eras más “estudiado” que la media del país. Don Luis “el maestro”, era un ser venerable, querido, un señor con más conocimiento que el resto del pueblo llano y que sino le daba por dar hostias a diestro y siniestro, hacía mucho bien a la comunidad.
Todos los que han estudiado en la universidad saben de la leyenda que existe alrededor de la carrera de Magisterio y que dicen que es una “María” (no entiendo por que se usa esta palabra para decir que es fácil). No entiendo muy bien por que el asunto se torció. Pero recuerdo tener algún profesor frustrado que me daba clase, el tipo de gente que se dedicaba a machacar a los alumnos e incluso se atrevían a hacer aseveraciones del tipo: “este niño no podrá jamás estudiar X por que es muy díficil” o “esta niña no podrá jamás terminar esa carrera por que no se le da bien Y”. La frustración hace que no veas bien el horizonte, la frustración y el ser más subnormal que un mono comiendose su propia mierda, pero claro ocurre que cuando el intelecto no te da para más y te obligan a estudiar una carrera acabas eligiendo una “María” que al final se convierte en un sarcófago… de billetes… y de amarguras.
De amarguras, por que realmente no te gusta, tú querías ser abogado, o algo más cool, lo cuál ahonda más en tu desgracia. Además como con casi todas las profesiones te tiene que gustar lo que haces, y tú acabas siendo un amargado desgraciado que descarga sus taras mentales en seres humanos en estado de formación. Lo que debe ser triste, pero que a mi me alegra, es cuando una madre va a golpearte en la cara con la realidad de que ese alumno al que infravaloraste es bastante más inteligente de lo que tu vaticinaste con tu inmensa sapiencia y que ese vaticinio erróneo no es más que una pequeña muestra de lo inútil que eres en tu trabajo.
Seguro que todos conocéis a alguno así. Saludos.






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