Hay muchas cosas que no quiero olvidar de esa fecha así que me gustaría escribirlas en algún lado y ninguno mejor que este.
En esa fecha me cambió la vida. Se fue el dolor, la mala hostia, los bajones de ánimo, y se abrió un nuevo mundo en el que puedo hacer muchas cosas que me estaban vetadas por todo lo anterior.
Yo jamás había pasado por un quirofano, ni me había partido un brazo ni me habían dado puntos. La verdad es que cuando me decidí a hacerlo no lo pensé mucho es algo que necesitaba hacer y además era el momento de cambiar el rumbo de mi vida, no solo en lo físico sino en lo profesional también, y la clave era pasar por este trance.
Hay detalles que hace meses todavía estaban frescos en mi memoria pero que parece se vayan diluyendo con el paso de los días. Lo que si recuerdo perfectamente es el día que ingresé, como pasé la noche solo viendo una película en el portatil (Red de mentiras). La desagradable sensación al día siguiente cuando te tienes que desnudar y ponerte la bata esa de papel, con el frio terrible, pareces un perrillo desvalido y esperas en la cama acostado a que vengan a llevarte. Recuerdo el quirofano con la gente llegando, era la primera operación de la mañana, el médico me saludo de lejos mientras miraba mis placas y la anestesista me dió algo a respirar que me sumió en un placido sueño. Al despertar había una chica a mi lado que observaba mi monitor, al levantarme solo estaba preocupado por cuantas horas había pasado allí dentro y como lo estaría pasando mi gente fuera así que le pregunté y volví a dormir (que “drojas” más ricas). La paliza tremenda que llevaba en el cuerpo, apenas podía mover la mano derecha como si se hubiese quedado mal puesta durante toda la intervención, y la doctora en la cabecera de mi cama pidiéndome que levantara la pierna al día siguiente… está loca, pensé para mí. Cuando te tienen que lavar en la cama, cuando tienes que orinar con gente al lado en la cama, cuando toda tu intimidad se va al carajo, pero vale la pena. En general nunca pasé mucho dolor, quizás por las drogas ricas, y también por mi umbral del dolor que nunca ha sido muy normal, pero recuerdo que la misma tarde de la operación me llevaron a hacerme una radiografía y cuando me movieron de la cama a la mesa de Rayos X… madremiadeamorhermoso, y cuando me quitaron la bolsa esa que colgaba de mi pie, benditos profesionales que lo hicieron del tirón. Recuerdo que cuando me quisieron mandar para mi casa tenía miedo, “no se usar las muletas”, “como me las voy a apañar sin la cama está motorizada y con el trapecio este”, pero ese era el principio de algo muy bueno.
Sobreviviré de cualquier manera. Esta mañana venía pensando en una amistad que no lo está pasando nada bien, y sin embargo tiene siempre una sonrisa en la cara. A mal tiempo buena cara, si nos hundimos por cada mierda que nos toca vivir vamos de culo, esta vida es corta así que a mal tiempo buena cara, busquemos el lado positivo a las cosas y aunque no seamos capaces de verlo lo mejor es siempre ponernos esos anteojos con los cristales rosa mirando hacia adelante.

Comentarios